
Dudar, buscar, sospechar es una penosa costumbre que acompaña a Manuela. Al poco andar, los hechos le arrojan dobles lecturas, como si detrás de las cosas, de los rostros, las palabras existieran con miles de significados.
Manuela persigue esas vías secundarias que se ven en la nuca, en una incoherencia, en un gesto sin ritmo, en un timbre de voz ; estos meandros tienen formas de edificios sólidos, construidos tras mascaras inamovibles totalmente seguras de sus secretos. Por todas partes pareciera que la mentira se tomó el espacio y ahora crece burda, despreocupada, indiferente y débil, sin el menor escrúpulo de ser descubierta.
Este mundo tomado, como la casa de Cortazar y al parecer, solo visible para el ojo de Manuela; ella ha creado una indefinible costumbre del dolor, acompañado siempre de esa nube cabeza de mármol, infaliblemente delatada por arremolinados vientos en las añosas puertas del horizonte. Entre lo ingrávido y lo pesado circulan las otras verdades, esa trama indiferente de calles aledañas que dejan su olor a combustión, coexistiendo con historias que miran tiernamente a la cara como si el fenómeno incondicional madre-hija existiera más alla de un tiempo que se rompe como un cascacrón, dejando ese profundo sabor a nada.
AOC.®.2011
Grafica:Isabel-Guerra
http://youtu.be/M9TbiUvWbx8