

Una vez tuve veinte años,
debía de ser verano,
yo hablaba bajo;
a los veinte
las cosas empiezan
exacta y brutalmente
con una mirada,
y uno se queda sin fuerzas, fulminada,
hay largos momentos
en que no ocurre nada,
alrededor de los ojos,
el ruido,
alrededor del ruido,
la noche.
Todo ocurre en ese preciso lugar
que ya estaba allí
sobre las piedras,
sobre el agua
a la orilla arenosa de un río,
estaba el miedo,
en el lugar oscuro,
y en algunos espacios del cuerpo.
Vuelvo a mi propia historia,
vulgar historia
que se pierde
en una memoria inconsolable,
una memoria de sombras
donde todo vuelve a caer
convertido en cenizas,
donde ya he perdido
la medida de mi cuerpo.
AOC.®.2011
debía de ser verano,
yo hablaba bajo;
a los veinte
las cosas empiezan
exacta y brutalmente
con una mirada,
y uno se queda sin fuerzas, fulminada,
hay largos momentos
en que no ocurre nada,
alrededor de los ojos,
el ruido,
alrededor del ruido,
la noche.
Todo ocurre en ese preciso lugar
que ya estaba allí
sobre las piedras,
sobre el agua
a la orilla arenosa de un río,
estaba el miedo,
en el lugar oscuro,
y en algunos espacios del cuerpo.
Vuelvo a mi propia historia,
vulgar historia
que se pierde
en una memoria inconsolable,
una memoria de sombras
donde todo vuelve a caer
convertido en cenizas,
donde ya he perdido
la medida de mi cuerpo.
AOC.®.2011

Grafica: Lisel Ashlock Natasha / Gustavo Aimar / Annie Owens.
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