

El Tao
Lao Tse
VI
El espíritu del valle nunca muere
en la hembra misteriosa.
La puerta de la hembra misteriosa
es la raíz del Cielo y la Tierra
ininterrumpidamente como durando desde siempre
ella actúa sin esfuerzo
UNA PUERTA, ESTA MAÑANA
Me cuesta pronunciar mi nombre,
como si cada letra llevara mis contornos
y una a una me dejará desnuda,
y es fácil decir, yo soy Juan,
y vivo en una habitación
de puertas entre-abiertas,
mi figura alada me lleva
por entre letras y paisajes,
me oculto, siempre me oculto,
quizás por que acarreo todos los miedos,
porque existir está predeterminado,
predefinido,
la belleza, humanizada.
Suelo llamarme Juan,
es más fácil disfrazarme de cordero,
colgarme escapularios,
tomar banderas, líneas, definiciones.
Porque cada letra de Juan
es diferente a mi nombre,
el mío propio viaja por estrellas,
por fe interminable,
dibuja tenues lunas al amanecer,
cree como iluso principiante,
cree todas las mañanas
y también cuando acaba el día,
es amigo de la idea diáfana, pura,
precursor de cabalgatas infinitas,
de absurdos, de poemas,
gestador de dolores universales,
testigo de pequeñas maravillas,
de simplezas cotidianas,
buscador de oníricas extensiones
y contrapuestas verdades absolutas
a su credo, difuso en todo tiempo,
caminador, renacedor, gestador,
potencialmente humano,
al fin, ese es mi nombre.
A.O.C. 2008
Lao Tse
VI
El espíritu del valle nunca muere
en la hembra misteriosa.
La puerta de la hembra misteriosa
es la raíz del Cielo y la Tierra
ininterrumpidamente como durando desde siempre
ella actúa sin esfuerzo
UNA PUERTA, ESTA MAÑANA
Me cuesta pronunciar mi nombre,
como si cada letra llevara mis contornos
y una a una me dejará desnuda,
y es fácil decir, yo soy Juan,
y vivo en una habitación
de puertas entre-abiertas,
mi figura alada me lleva
por entre letras y paisajes,
me oculto, siempre me oculto,
quizás por que acarreo todos los miedos,
porque existir está predeterminado,
predefinido,
la belleza, humanizada.
Suelo llamarme Juan,
es más fácil disfrazarme de cordero,
colgarme escapularios,
tomar banderas, líneas, definiciones.
Porque cada letra de Juan
es diferente a mi nombre,
el mío propio viaja por estrellas,
por fe interminable,
dibuja tenues lunas al amanecer,
cree como iluso principiante,
cree todas las mañanas
y también cuando acaba el día,
es amigo de la idea diáfana, pura,
precursor de cabalgatas infinitas,
de absurdos, de poemas,
gestador de dolores universales,
testigo de pequeñas maravillas,
de simplezas cotidianas,
buscador de oníricas extensiones
y contrapuestas verdades absolutas
a su credo, difuso en todo tiempo,
caminador, renacedor, gestador,
potencialmente humano,
al fin, ese es mi nombre.
A.O.C. 2008